¿No es el Dios del Antiguo Testamento duro, brutal y francamente malvado?

¿No es el Dios del Antiguo Testamento duro, brutal y francamente malvado?

Hay una afirmación común que el Dios del Antiguo Testamento (incluso en el Nuevo Testamento) parece muy duro, brutal, y hasta malvado.

Alguna vez has escuchado preguntas como éstas :

¿Cómo pudo Dios matar a todas las personas inocentes, y hasta a los niños, en el diluvio?

¿Por qué enviaría Dios a Josué y los israelitas a Canaán para exterminar a los cananeos inocentes que vivían en la tierra?

¿De verdad cree que un Dios amoroso enviaría a la gente a un infierno eterno?

Este punto de vista de Dios se conoce comúnmente en los medios seculares, en los libros ateos, y así sucesivamente. Hay una afirmación común de que el Dios del Antiguo Testamento (incluso en el Nuevo Testamento) parece muy duro, brutal, y hasta malvado, y que el “Dios” al que Jesús llamaba “Padre” es otro.

Una respuesta inicial a esta afirmación puede ser simplemente: “¿Cómo puede el ateo o el inconverso decir que Dios es duro, brutal, y malvado cuando niegan la Biblia, que es el libro que define lo que es duro, brutal, y malvado?” Aún más, en las cosmovisiones ateas, materialistas y evolucionistas, estas cosas no son ni buenas ni malas, porque no hay Dios, en su opinión, para establecer lo que está bien o mal. Las mismas personas que profesan creer en un punto de vista naturalista en que los animales violan, asesinan y se comen a los de su propia especie, son los que atacan al Dios amoroso de la Biblia y tratan de llamarlo malvado (Isaías 5:20).

Pero un vistazo más de cerca a esas afirmaciones contra el Dios de la Biblia muestra que estas afirmaciones no tienen mérito. Afirmar que Dios es malvado o duro es un ataque contra el carácter de Dios, y cada cristiano debe estar preparado para tener una respuesta para este tipo de ataques (1 Pedro 3:15).

La intención de muchos de los que hacen tales afirmaciones es hacer que un Dios bueno se vea malvado con el fin de justificar su rechazo hacia Él, Su Palabra, o hasta Su existencia. Pero si Dios realmente no existe y la Biblia no es Su Palabra, entonces, los que atacan a Dios y Su Palabra llamándolo duro y malvado no deberían siquiera preocuparse por atacarlo… Al atacarlo, muestran que ellos saben que Él existe y que simplemente reprimen ese conocimiento (ver Romanos 1:20–25). Ellos tratan de justificar su rebelión contra Dios. Pocas personas con las que he hablado se dan cuenta de que cuando atacan el carácter de Dios, con el propósito de hacer un caso contra Su existencia, refutan su propia posición.

Algunos de los eventos en la Biblia que la gente comúnmente utiliza para justificar la afirmación de que Dios es duro incluye eventos en Génesis, como la caída del hombre, el diluvio y la destrucción de Sodoma y Gomorra. Y luego proceden con los cananeos, los egipcios, los benjamitas o hasta los inconversos en general. Entonces Génesis parece ser un buen lugar para comenzar.

La caída: Adán y Eva

 Los sacrificios hechos por el Señor para Adán y Eva, para poder proporcionarles túnicas de piel (Génesis 3:21)

Con frecuencia la gente se pregunta cómo Dios pudo sentenciar a toda la humanidad a morir a causa del pecado de Adán y Eva. Adán y Eva conocían el castigo por el pecado (Génesis 2:17), pero ellos pecaron de todos modos, se fueron en contra del simple mandamiento de Dios. Adán pecó a sabiendas (1 Timoteo 2:14), por lo que él mismo provocó su castigo. Sin embargo, la mayoría de las personas no se dan cuenta de que toda la humanidad pecó en Adán, ya que estábamos en el cuerpo de nuestro ancestro cuando pecó (Hebreos 7:10). Debido al pecado de Adán, también recibimos una naturaleza de pecado y nosotros mismos pecamos (Romanos 5:12). Así que también morimos a causa del pecado, no somos diferentes a Adán y Eva. Sin embargo, debemos detenernos a considerar la bendición que se encuentra en medio de la maldición. Cuando Adán y la Eva pecaron, Dios ofreció la primera profecía de Jesucristo en Génesis 3:15. La maldición del pecado se borraría por la semilla de una mujer (el resultado de un nacimiento virginal) enviado a salvar a la humanidad. Ya se ofrecía un medio de salvación.

Además de esto, el primer hombre y la primera mujer deberían haber muerto en ese momento, pero Dios es paciente y les dio un “periodo de gracia”, cubriendo su pecado mediante el sacrificio de animales (cuando Él hizo túnicas de pieles en Génesis 3:21) en su lugar; el pecado es castigado con la muerte, así que algo tenía que morir (Hebreos 9:22). Abel siguió este patrón (Génesis 4:4), al igual que Noé (Génesis 8:20), Abraham (Génesis 22:13), y los israelitas. Estos sacrificios de animales no fueron suficientes para eliminar los pecados (Hebreos 10:4); sólo un sacrificio sin pecado y perfecto, cumplido en la muerte de Jesucristo, podría hacerlo (Hebreos 4:15, 9:13-14). Fue el sacrificio de Cristo por sí solo lo que fue suficiente para cubrir los pecados de todo el mundo (1 Juan 2:2). El Hijo infinito murió para pagar la deuda por el castigo infinito de un Dios infinitamente Santo.

Entonces, hasta ahora ya hay dos bendiciones: un medio final de salvación en Cristo y un periodo de gracia por el castigo debido al pecado que se cubre en lugar de provocar la muerte instantánea. Pero hay otra bendición que pocos pueden notar sin leer el resto de la Biblia. Al haber sido condenado a morir, el hombre no se vería obligado a vivir en un mundo maldito por el pecado por toda la eternidad, ¡esta es la razón por la que el camino de acceso al árbol de la vida estaba custodiado! (Génesis 3:22-24) Al morir en este mundo maldito por el pecado con Cristo como Salvador, uno hereda el nuevo cielo y la nueva tierra, que son restaurados a la perfección, donde no hay maldición, muerte o sufrimiento por la eternidad (Apocalipsis 21:4, 22:3) . La muerte no tendrá ningún aguijón (1 Corintios 15:53–56) para los que están en Cristo.

Así que en este caso, el hombre pecó y Dios actuó con justicia al castigar el pecado, e incluso fue más allá al ofrecer tres bendiciones: un periodo de gracia, un medio de salvación, y un lugar perfecto para vivir una vida eterna sin pecado, muerte, o maldición. Imagínese si un ladrón se presentara ante un juez y el juez dijera: “Usted ha violado la ley por lo que se merece 50 años en la cárcel sin libertad condicional, pero voy a darle un año de cárcel, y usted no tiene que comenzar a cumplirlo hasta dentro de seis meses para que pueda poner sus asuntos en orden. Después de un año, le voy a poner en libertad garantizada, y encima de eso, le voy a comprar una casa de un millón de dólares y la prepararé para usted.” Parece extraño que la gente diga que el juez sería duro y malo por sentenciar al ladrón a un año de cárcel. Pero lo que sería aún más extraño sería que el ladrón negara el generoso ofrecimiento ( que es lo que muchos están haciendo bajo engaños de los caídos y que es lo que ellos buscan, que la gente no acepte el regalo…. que rechacen a Dios, a Jesucristo, a la Biblia y se metan a la gnosis, al ocultismo, a la nueva era o que se hagan ateos o materialistas…. y por tanto, no se salven ).

El diluvio

 A Dios se le ataca con frecuencia por matar a “todas las personas inocentes y hasta los niños” en el diluvio. De hecho, algunos han dicho específicamente: Pero los niños. . . ¿cómo pudo Dios matar a los niños pequeños? La respuesta: Si la tierra estaba llena de violencia y maldad, hace que uno se pregunte, ¿cuántos niños habrán estado vivos aún de todos modos? Después de todo, en la cultura de hoy, donde el mal tiene un punto de apoyo, son los niños los que parecen soportar el peso de tanta violencia (por ejemplo, cientos de millones de abortos… y nadie dice nada de eso). Incluso si aún quedaban algunos niños, Dios proveyó el arca. ¿Por qué se negaron los padres de esos niños a dejar que la abordaran? ¿Por qué insistieron en poner a sus hijos en peligro? Si alguien tiene la culpa, son los padres y los protectores que no dejaron que subieran al arca.

¿Por qué culpar a Dios por algo cuando Él proporcionó un medio de salvación que los padres rechazaron? Imagínese si un hombre en un bote fuera a rescatar a una mujer y su hijo que están sobre un techo mientras las aguas de una inundación fueran en aumento. El hombre del bote les dice: “Por favor, suban y así podré salvarles”; y la mujer le contesta: “No, nos vamos a quedar porque yo no le creo”. Entonces el hombre espera pacientemente e incluso trata de explicarle lo que pasará; sin embargo, ella continúa rechazándolo una y otra vez. El hombre en el bote incluso le pide que envíe a su hijo y ella todavía se niega y golpea al hombre para que se vaya. . . y, finalmente, se ahogan. ¿Es apropiado culpar al hombre del bote por la muerte del niño? Pero considere esto, juzgando Escritura por Escritura, que dice que nadie es verdaderamente inocente (Romanos 3:23), y finalmente todos morirán de todos modos, lo cual es una repercusión de nuestras propias acciones (1 Corintios 15:22; Romanos 6:23). En segundo lugar, ¿qué llevó tal juicio sobre las personas antes del diluvio?

¡Qué fuerte declaración! Toda intención y pensamiento era hacer el mal todo el tiempo. Imagine los asesinatos, las violaciones, los robos, los sacrificios de niños, el canibalismo, y así sucesivamente. Esto ocurría continuamente, y está volviendo a suceder en nuestros tiempos. Sin embargo, esto pasó por alrededor de 120 años (como máximo) antes del diluvio (Génesis 6:3). Así que Dios seguía siendo paciente, dando tiempo para el arrepentimiento y el cambio (1 Pedro 3:20). Dios incluso llamó a Noé para ser un predicador de justicia (2 Pedro 2:5), pero la gente aún se negaba a escuchar y continuó en sus malos caminos…. tal como está pasando actualmente…

¡Dios hasta les ofreció un camino de salvación! Él proporcionó un arca a través de Noé y su familia y, sin embargo, los demás no llegaron. Solo la familia de Noé fue salvada (2 Pedro 2:5). Los medios de salvación, la predicación de la justicia y la paciencia de Dios estaban allí, pero todos los demás se negaron y recibieron su juicio.

Como acotación aparte, la afirmación de los niños que murieron en el diluvio siempre ha sido de interés, sobre todo cuando los escépticos y ateos tocan el tema. La hipocresía es sorprendente ya que estos escépticos y ateos generalmente apoyan el asesinato de bebés, como hemos visto en el debate sobre el aborto. Si la gente realmente era mala y sus pensamientos eran hacer el mal todo el tiempo, entonces el aborto, el asesinato de niños y el sacrificio de niños probablemente eran algo común y corriente. La desobediencia a Dios probablemente significaría desobedecer el mandato de Dios para ser fecundos y multiplicarse (Génesis 1:28). Resistirse a este mandato daría como resultado reducir drásticamente la cantidad de niños, por lo que uno podría preguntarse si había muchos niños alrededor en el momento del diluvio. El propio Noé no tuvo hijos hasta que tenía 500 años de edad (lo cual lleva a considerar el punto de vista de que los niños pueden haber sido pocos y distantes entre sí en estos días). Aun así, los niños son pecadores y también pueden tener intenciones y pensamientos malvados (Romanos 3:23). Hoy en día, por ejemplo, vemos a niños matando a otros niños en la escuela, niños ladrones, violación entre niños y así sucesivamente. Pero si los niños y los bebés no llegaron al arca (el medio de salvación en ese momento), ¡¿de quién es la culpa sino de sus propios padres o protectores que se negaron a dejarlos?! Entonces, ¿por qué culpar a Dios cuando Él les ofreció un medio para salvarse?

Sodoma y Gomorra

 En Génesis 18:20–33, el Señor le reveló a Abraham que Sodoma y Gomorra habían pecado en gran manera. Su maldad no fue revelada en su totalidad, pero estamos conscientes de sus actos de sodomía que se habían apoderado de sus acciones lo suficiente para cometer violaciones. Abraham preguntó si Dios destruiría al justo con el impío. Le preguntó al Señor si los perdonaría si hubiera 50 justos; dijo que sí. Le preguntó al Señor si los perdonaría si hubiera 40 justos; dijo que sí. Le preguntó al Señor si los perdonaría si hubiera 30 justos; dijo que sí. Le preguntó al Señor si los perdonaría si hubiera 20 justos; dijo que sí. Le preguntó al Señor si los perdonaría si hubiera 10 justos; dijo que sí.

Esto revela lo malvada y pecaminosa que era la gente. No tenían excusa y el juicio finalmente llegaría. Esto también revela algo interesante sobre el diluvio. Si Dios iba a perdonar a Sodoma y Gomorra por solo 10 personas justas, entonces, ¿le hubiera dado Dios una oportunidad a la tierra por solo 10 personas justas antes del diluvio? Parece que así fue. Es posible que Matusalén y Lamec, el padre y el abuelo de Noé, pudieran haber sido unos de los 10 (junto con Noé, su esposa, y sus tres hijos y sus esposas). Por supuesto que es posible que pudiera haber habido otros que también eran justos, hasta el momento del diluvio. Pero en el momento del diluvio, podemos suponer que solo había ocho (Matusalén y Lamec habían muerto poco antes del diluvio).

Lot y su familia eran menos de 10 en Sodoma y Gomorra (Lot, su esposa, sus dos hijas y sus dos yernos solo eran seis). Sin embargo, Dios proveyó un medio de salvación para ellos por medio de los ángeles que les ayudaron a llegar a un lugar seguro.

¿Había niños en Sodoma y Gomorra? La Biblia no lo revela, y el comportamiento homosexual era desenfrenado, por lo que no pudo haber habido muchos niños, si es que los había. Puesto que Dios dejó claro que ni siquiera 10 personas eran justas en la ciudad, entonces hasta los niños (si los había) eran extremadamente pecaminosos. Pero como todas estas situaciones, si los niños, los padres o los protectores se negaron a dejar que tuvieran salvación y justas enseñanzas, ¿de quién es la culpa? No es culpa de Dios, quien les proporcionó una salida, sino de aquellos que reprimieron la verdad.

Dios fue justo y le dio a la gente de Sodoma y Gomorra, y las cinco ciudades de la llanura, lo que pidieron (su merecido castigo). Ellos querían una vida sin Dios y Su bondad. . . y Dios se los concedió.

Los egipcios

En este caso, Dios usó a Moisés y Aarón (Éxodo 5-15) para juzgar a los egipcios por la maldad que infligían a los israelitas por medio de una dura esclavitud (Éxodo 1:8–14), asesinando a sus hijos (Éxodo 1:22), etcétera. Dios envió muchas plagas y desastres a la tierra porque faraón siguió pecando y la nación de Egipto lo siguió en su pecado. Culminó con la muerte de los primogénitos en Egipto, a pesar de que este juicio podría haber sido fácilmente evitado si el faraón hubiera escuchado y hubiera liberado a los israelitas, de quienes vendría en un futuro el Redentor,  de la opresión; por lo tanto, la sangre está sobre la cabeza del faraón. Incluso el deceso del faraón y de su ejército estaba sobre su propia cabeza, no fue culpa de Dios. De hecho, cada plaga fácilmente podría haber sido evitada si el faraón hubiera respondido a lo que Dios le había dicho por medio de Moisés y Aarón. Así es que, se le dio un medio de salvación de las plagas, pero el faraón y los egipcios lo rechazaron.

Los cananeos

En cuanto a que Dios usa a la gente para hacer Su voluntad, esto no es nada nuevo, como lo vimos con Moisés y Aarón, y los egipcios. Dios usó a gente para construir un arca, Su templo, y así sucesivamente. Dios usó a jueces y reyes para proteger de ataques y hacer justicia, entre otras funciones. Así que el concepto no es nada nuevo. Con los cananeos, Dios usó a los israelitas para promulgar Su juicio bajo el liderazgo de Josué.

¡Los cananeos estaban lejos de ser inocentes! Dios fue paciente con ellos mientras continuaban en su pecado. Entre las tribus cananeas cuando Josué invadió estaban los amorreos cuyo pecado fue profetizado a Abraham. Abraham recibió la profecía de que el pecado de los amorreos no había alcanzado su plena medida (Génesis 15:16). Durante este tiempo, Abraham conoció a Melquisedec, sacerdote noble y real en la tierra de Canaán. Pero el ministerio de Melquisedec sin duda tuvo una influencia en los cananeos ya que tomó varios cientos de años antes de que su pecado se apoderara de ellos. Si hubieran seguido escuchando lo que él les enseñó, probablemente no habrían estado en esa situación.

Cuando Josué entró en la tierra de Canaán, el pecado de los amorreos había llegado a su plena medida y ya era hora del juicio. Levítico 18:2–30 señala los horrendos crímenes que estaban pasando en la tierra de Canaán. Ellos estaban teniendo relaciones sexuales con sus madres, hermanas y así sucesivamente. Los hombres estaban teniendo relaciones sexuales con otros hombres. Estaban dando a sus hijos para ser sacrificados a Moloc (vs. 21). Estaban teniendo sexo con animales (vs. 23). Así que es imposible hacer la afirmación de que esas tribus eran inocentes y no merecían el castigo.

Pero uno no puede descuidar el hecho de que los niños también pecan. Como fue señalado anteriormente, en la actualidad hay niños matando a niños, niños robando, niños violando, y así sucesivamente. Así que la inocencia de los niños es una farsa. De hecho, si ellos sacrificaban a sus niños, ¿cuántos niños habrán estado vivos cuando Josué entró en la tierra prometida de todos modos?

En Jericó, tanto los jóvenes como los mayores iban a ser destruidos (Josué 5:13–6:21), por lo que al menos Jericó tenía jóvenes. Sin embargo, Jericó también es el lugar en el que Cristo mismo apareció como una teofanía para liderar a Josué en la batalla. Jericó debe haber sido muy malo como para justificar una aparición física de Cristo para derramar juicio sobre ellos. ¡Tal vez todos los pecados mencionados en Levítico 18 pasaban allí también! Sin embargo, hasta en Jericó, hubo un medio de salvación ya que se salvaron Rahab y su familia. A ella hasta se le puede encontrar en el linaje de Cristo (Mateo 1:5).

Los benjamitas

Los benjamitas también se lo buscaron (Jueces 19:22-25, 20:13) y se fueron del lado de los malvados. Así que nadie puede afirmar que los benjamitas eran inocentes tampoco. Tristemente, los benjamitas sabían las consecuencias de sus acciones antes de pecar. Eran israelitas por lo que no tenían excusa para no saber lo que escribió Moisés. Fue un error de su parte, pero optaron por pecar deliberadamente (Levítico 18, especialmente los versículos 26–30). También se lo buscaron.

Si los benjamitas se hubieran arrepentido, el Señor los habría perdonado. Los israelitas tenían amplios medios de sacrificio para cubrir el pecado y expulsar a los malvados entre ellos. Sin embargo, los benjamitas rechazaron este medio de salvación y pecaron contra Dios.

Los no cristianos

Al hablar de la salvación eterna en Cristo con los no cristianos, con frecuencia preguntan: ¿De verdad cree que un Dios amoroso enviaría a la gente a un infierno eterno? La respuesta es: ¡Solo si pecan! Y la realidad es que todos hemos pecado, todos estamos destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Lo fascinante es que algunos no pasarán la eternidad en el infierno. Todo el mundo merece ese castigo, incluyéndome a mí, pero Dios ha provisto un medio de salvación tal como lo hizo en las situaciones del Antiguo Testamento descritas anteriormente. Si uno se niega a recibir esta salvación, ¿se puede culpar a Dios?

Hay un solo Dios; Él es el Dios del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, a pesar de que algunos tratan de sugerir que hay diferentes presentaciones. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, la gente tuvo la oportunidad de regresar a una relación correcta con Él por medio del arrepentimiento, pidiendo perdón por sus pecados y recibiendo a Cristo como su Señor y Salvador. En ambos Testamentos, Dios juzga el pecado. La misericordia y la paciencia se debían encontrar por medio de los recursos que dio Dios: Noé, con su predicación durante años; y Abraham, con su súplica por Sodoma y Gomorra (hasta Lot instó a la gente a no ser tan mala); al igual que la misericordia y la paciencia están todavía disponibles hoy (Juan 7:37-38).

Y Él ha proporcionado un medio de salvación en Jesucristo (1 Pedro 3:18), al igual que el arca en el diluvio y los ángeles que instaron a Lot y a su familia a huir de Sodoma y Gomorra. Nadie puede culpar a Dios por no proporcionar una alternativa misericordiosa ni pueden llamarlo “malvado” por proporcionar la justicia contra el pecado.

Un patrón discernible

De los anteriores ejemplos, vemos un modelo distintivo que sale de los juicios traídos por Dios sobre varios pueblos:

  1. Dios declara una aniquilación como forma de juicio para acabar con un cáncer.

  2. Los juicios son para reconocimiento público, debido al pecado extremo.

  3. Anterior a los juicios existe advertencia y/o largos períodos donde se presenta la verdad con tiempo para el arrepentimiento.

  4. Todos, y cada uno de los adultos “inocentes” se les da la oportunidad de escapar con sus familias; algunas veces se les presenta la forma de evitar el juicio por medio del arrepentimiento o abandonando una región en particular. También debe notarse que la expulsión de una tierra era el juicio más común; más no el exterminio. Este modelo se remonta a la expulsión de Adán y Eva del huerto del Edén (Gn 3:24).

  5. Alguien es, casi siempre, salvo/redimido de la cultura maligna.

  6. El juicio de Dios siempre llega.

Lejos de ser inocentes, quienes fueron parte de los juicios de Dios estuvieron involucrados en grave pecado y cometieron actos de gran barbarie, como el quemar a sus hijos hasta la muerte en rituales como ofrecimiento a sus dioses falsos. Sorprendentemente, en vez de destruir en forma inmediata a los pueblos involucrados en tales cosas, encontramos lo opuesto: La Escritura expresa que Dios tenía una increíble paciencia y esperaba hasta que la total medida de las obras de estos pueblos estuvieran completas. Por ejemplo, mientras le hablaba a Abraham acerca del futuro éxodo de Israel de la tierra de Egipto, Dios dice acerca de los amorreos: “Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.” (Gn 15:16).

Uno debe preguntarse, ¿sufriría tanto así la humanidad si sucedieran estos actos tan de largo sufrimiento con tan terribles consecuencias? Si tales actos fueran como aquellos registrados en el Antiguo Testamento pero proyectados al siglo XXI y transmitidos globalmente por CNN, habría sin lugar a duda un clamor universal por la acción militar que se describe en esos registros si los mismos no fueran inmediatamente detenidos. ¿Por qué entonces los críticos de Dios se sienten justificados en catalogar al Creador como moralmente injusto aun cuando Dios esperó, en algunos casos, durante siglos para castigar a las personas involucradas?

Conclusión

Naturalmente, hay un montón de otros ejemplos en las Escrituras donde se aplican estos mismos principios. Considere la analogía de una persona que roba y se ve atrapada. Cuando se para ante el juez, el juez la encuentra culpable y le impone una multa. Pero entonces el juez ofrece pagar la multa. En lugar de aceptar, ¡el ladrón lo rechaza y le echa la culpa de todo el lío al juez que actuó con justicia e incluso le ofreció una salida!

Esto es realmente lo que está sucediendo en la cultura actual. Los humanos pecan y se ven atrapados. La gente es declarada culpable por un Dios Santo. Dios interviene y ofrece un medio de salvación para el castigo por el crimen (que es la muerte eterna), y hasta muere en lugar de ellos para que puedan tener vida eterna. Sin embargo, a pesar de todo esto, ¡los pecadores le dicen que no a Dios y luego proceden a echarle la culpa a Él de la situación en la que están! Simplemente no tiene sentido.

A la luz de esto, no se debería culpar a Dios, sino que los que fueron castigados por su pecado tienen la culpa. Dios proveyó un medio de salvación en cada uno de estos casos, a pesar de que Él no estaba obligado a hacerlo. Dios no debe ser culpado. Curiosamente, las personas que dicen que Dios es cruel quieren justicia cuando son tratados injustamente; por ejemplo, si alguien les roba, les ataca, o les ofende de cualquier manera. Realmente tienen una doble moral.

Hemos realizado varios videos sobre este tema, los cuales recomendamos:

 Todos somos pecadores bajo la pena de muerte (Romanos 3:23). Pero se recalca que Dios ha provisto un medio de salvación en Cristo. Sería bueno que la gente se diera cuenta de que deben odiar el pecado (Romanos 12:9) y amar a Dios (Deuteronomio 6:5) que actúa con justicia contra el pecado (2 Tesalonicenses 1:5–10). Sin embargo, Él ofrece abundante misericordia a los que le aman (Éxodo 20:6;Deuteronomio 7:9; Efesios 2:4).

Por favor, considéralo, si aún no lo has hecho.

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