Testimonio de Aluma : Kundalini, Nueva Era, Llamas Gemelas y experiencias ET

Testimonio de Aluma : Kundalini, Nueva Era, Llamas Gemelas y experiencias ET

Les compartimos hoy un hermoso testimonio de la valiente Aluma, que nos cuenta un poco de su camino en relación con la nueva era, la kundalini, las llamas gemelas y los supuestos extraterrestres. Gracias por el valor de compartir y seguimos animando a hacerlo ya sea en escrito o en video.

Llevo varios días escribiendo mi historia para enviártela, y me estoy dando cuenta de que, cuanto más escribo, más datos voy recordando y relacionando. Cada vez que creía que ya tenía el puzle completo, aparece una pieza más. Así que, para no cargarte con tantísimos datos, te envío una especie de sinopsis muy reducida, con lo más importante.

Sobre mi familia: en mi familia hubo de todo (unos muy ricos, otros muy pobres; unos muy cultos, otros completamente analfabetos; unos que emigraron y regresaron, otros que jamás salieron de sus pueblos…) pero la mayoría eran cristianos, católicos y muy creyentes, aunque algunos más practicantes que otros. Sin embargo, sí sé que algunas mujeres de mis antepasadas eran lo que aquí llamamos “santigüadoras”. Yo soy cristiana, católica, con mucha fe en las enseñanzas de Jesús pero con muchas dudas sobre la Iglesia.

Sobre cómo llegó la New Age a mi vida: se puede resumir en una palabra: estudiantes. Vivo en una ciudad en la que, hasta hace no mucho, estaba el único Instituto de Secundaria y la única Universidad de toda la región. Y, además, nací en la época en la que lo hippy, que fue el gran movimiento de propagación de la New Age, se estaba extendiendo por todo el mundo, a través, sobre todo, de la juventud universitaria. Mis padres vivían de alquiler en un piso céntrico, en un edificio que estaba dedicado a alquileres para estudiantes. Y, además, como mi padre ganaba muy poquito como obrero en una fábrica, “algunas personas” (que resultaron ser miembros de la masonería) les aconsejaron realquilar las habitaciones que les sobraban a jóvenes estudiantes y funcionaras solteras. De esa manera, crecí rodeada por gente de la edad de mis padres y un poco más jóvenes, que estaban influenciados por las creencias de la New Age y que no se esforzaban demasiado por disimular en mi presencia, por mucho que a mis padres no les gustara todo aquello. Además de eso, también estuve rodeada de personas (compañeras de clase, de juegos, amigas del barrio, primas, etc.) que conocían prácticas de espiritismo, brujería, magia negra, etc., a través de sus hermanos mayores, sus madres, abuelas, etc. Siempre había un nuevo juego de adivinación, un nuevo truco para alejar las malas energías, un nuevo amuleto para protegernos…

Algunas de ellas (una prima, algunas amigas y compañeras, alguna vecina) se lo tomaron muy en serio y empezaron a jugar con la ouija y a ir a consultorios de paleras, santeras, etc; una estuvo a punto de morir, otra estuvo ingresada varias veces en un psiquiátrico… y yo siempre quise mantenerme al margen de todo lo que me pareciera “oscuro”, entendiendo por “oscuro” espiritismo, invocaciones, magia negra, y todo lo que fuera hacer pactos con seres desconocidos para obtener un beneficio propio o causar un mal, pero sí había algo que me había fascinado desde siempre y que practiqué hasta hace unas semanas: el Tarot. Además, siempre tuve sueños premonitorios, me resultaba fácil tener telepatía con las personas que fueran importantes para mí, y cosas por el estilo que sería largo de explicar. Y, para colmo, aunque yo no quería, me casé con un hombre que sí había practicado espiritismo, oiu-ja, y todo lo demás en su adolescencia, años antes de conocernos, y que había tenido problemas de politoxicomanía, brotes psicóticos y depresiones.

Sobre cómo llegó a mí el asunto de las “almas gemelas”: me pasó algo muy parecido a lo que tú cuentas. Fue cuando me di cuenta de que nunca iba a poder ser feliz con el hombre con el que me había casado. A partir de aquel momento, empecé a tener sueños extraños: sueños lúcidos, viajes astrales, sueños con personajes con nombres de dioses y diosas de la mitología, sueños premonitorios, sueños iniciáticos, relacionados con el budismo (nada que ver conmigo ni con mis creencias), con la búsqueda del Santo Grial, con regresiones a vidas pasadas, con viajes a lugares espirituales acompañada por “mis guías”, con delfines, con ballenas, con peces, con libélulas, con extraterrestres… y, sobre todo, había un elemento recurrente: olas gigantes, tsunamis, que tenía que detener. Todo eso, mientras dormía. Y, cuando estaba despierta, comenzaron a pasar otro tipo de cosas que no sabía interpretar: ver unas bolitas de luz dorada que me acompañaban por la casa; escuchábamos voces parecidas a las nuestras que nos llamaban a mis hijos, a mi -aún-marido y a mí, desde habitaciones totalmente vacías; se caían los portarretratos en los que estaban las fotos de los niños (sin que nada ni nadie los moviera) todos a la vez, de golpe; se caían y paraban mis relojes; estallaban las bombillas; se morían las plantas de mi casa. Una noche, todos los juguetes comenzaron a moverse solos, de repente de madrugada, y nos despertó el ruido. Uno de ellos era una moto que ni siquiera era de pilas ni de enchufe y, sin embargo, se paseaba por la mesa haciendo el caballito y dando vueltas ante nuestros ojos. Oíamos cómo sonaba el timbre de la puerta de casa a cualquier hora del día o de la noche o se abría la puerta, sin que hubiera nadie al otro lado, aunque oíamos la llave entrar en la cerradura y cómo el ojo de la cerradura giraba ante nosotros. Un día apareció una gallina quemada envuelta en papel de aluminio en la puerta de nuestra casa. Nunca pensé que pudieran ser imaginaciones mías ni que estuviera volviéndome loca, porque normalmente, esperaba a que otras personas dijeran algo antes de hablar yo, para asegurarme de que también lo habían visto.

Tanto los sueños como lo que pasaba por el día me tenían muy nerviosa (te puedes imaginar, tenía tanto miedo de estar despierta como de dormir, de estar en casa sola o acompañada… aquello pasaba en cualquier momento), pero el colmo fue cuando tuve dos experiencias de “parálisis del sueño” en un mismo mes y, durante ellas, vi a dos seres que parecían mis hijos, vestían como ellos, pero no eran ellos. Uno era de luz, no se le veían facciones, solo luz, y tenía el pelo y la ropa de mi hijo mayor. El otro vestía como el más pequeño, pero era un ET gris (tardé años en reconocerlo como “gris”; al principio solo decía “un niño sin pelo ni orejas, con dos agujeritos en vez de nariz, una boca muy pequeña y unos ojos completamente negros, enorme”) y llegó acompañado de un ser muy alto que me hizo cosas horribles. Esas dos experiencias me dieron mucho más miedo, porque empecé a pensar que mis hijos podían estar en peligro, o que pudieran desdoblarse… y, casualmente, por aquellas fechas nos regalaron un ordenador de segunda mano, y contratamos nuestra primera conexión a Internet.

Una de las primeras cosas que hice fue buscar en Google explicaciones o significados de todo aquello., y todo me llevaba a lo mismo: almas gemelas – nueva era – portal dimensional. Cuando tecleaba, sentía como si mis manos flotaran sobre otras manos invisibles, y sentía que había alguien invisible conmigo, alguien que me quería, que quería que lo buscara, que me decía que el teclado era el camino correcto, y me causó eso que llaman “el despertar de la kundalini”, entre otras cosas. Incluso oía, a veces, cómo me llamaba, y me levantaba a ver si era mi marido gastándome alguna broma. Lo conté en aquella página, y alguien me dijo que lo más probable era que mi alma gemela se estaba poniendo en contacto conmigo.

Desde entonces, y durante once largos años, he tenido más sueños, señales, sincronicidades, mensajes telepáticos, visiones remotas, premoniciones, y tantísimas otras experiencias que apuntaban al que parecía ser “mi alma gemela”. Sin embargo, esa persona vivía ajena completamente a todo eso. Habíamos sido pareja antes de conocer a mi marido, pero ambos habíamos rehecho nuestras vidas, cada uno por su lado; él también se casó, también tuvo hijos, y nunca me buscó, ni me contestó cuando yo lo busqué a él, así que las explicaciones de quienes me aconsejaban desde los círculos “nuevaeristas” eran que teníamos que pasar pruebas, que tanto él como yo estábamos destinados pero teníamos mucho que sanar antes de encontrarnos, que no perdiera la fe, que siguiera adelante, que ya quedaba menos… Pero menos, ¿para qué? Yo me había divorciado y casi me costó la vida. Era una mujer maltratada y no lo tuve del todo claro hasta que intenté liberarme. Y no me apetecía nada volver a equivocarme, como tampoco quería que a él le pasara lo mismo. Quería que él fuera feliz, no que “tuviera que pasar por su propio despertar y sanarse”; quería que no tuviera nada tan grave de qué sanarse. En mis sueños, él siempre estaba triste, o enfadado, o con ojeras… y era “arrastrado” al compromiso, la boda y la paternidad por una mujer, me pedía permiso para que ella ocupara “mi lugar” mientras sus amigos me decían que yo tenía que ir e impedir todo aquello, que él estaba equivocándose. Al despertar, pensaba que, simplemente, eran proyecciones mías, nada más; producto de mi soledad, de pensar “¿qué habría sido de mi vida si lo hubiera elegido a él, en vez de al hombre con el que me casé?”.

Pero hace unos meses, ocurrió algo: de repente, un día, alguien me enseñó una foto de la mujer que se había casado con el que, supuestamente, era mi “alma gemela”, y vi que no solo estaba casada con él… sino que prácticamente todo lo que ella hacía en la vida, era lo que yo había soñado para la mía y nunca pude, porque siempre pasaba algo que me truncaba mis planes (estudios, profesión, especialidad, lugar de residencia, estilo de vida, estilo de educación para los niños, y muchísimo más). Pero no solo era eso, sino, también, pequeños detalles, que parecía estar copiando hasta de mi muro de Facebook y mi blog. Aquello fue como un revulsivo: ¿qué era lo que estaba pasando? Dejé de pensar en almas gemelas, amores eternos, vidas pasadas, seres de luz y demás romanticismos, y empecé a plantearme la posibilidad de que lo que me había ocurrido durante los últimos veintitantos años, es decir, media vida, no fuera producto de la ayuda de mis guías, ni del amor verdadero, ni de ninguna conexión cósmica maravillosa y hermosa, sino todo lo contrario. Volví a confiar en Internet y en el Tarot, y eso me llevó a respuestas que no me gustaban, pero que, tristemente, parecían más acordes con mi realidad: la posibilidad de que alguien hubiese hecho un amarre (o más de uno) para separarme de aquel chico y, después, amarrarlo a él con ella y a mí con el otro. Y que, en ese amarre, se ensañaron conmigo para anular cualquier cosa que yo quisiera hacer y redirigirle a ella mis planes y mis sueños, como a una ladrona o usurpadora.

Cuando se lo conté a una de mis amigas y confidentes “nuevaeristas”, se asustó. Pensó que me había dado un ataque de celos, que me estaba obsesionando con ese hombre, y no me entendió, así que seguí mi búsqueda de la verdad. Le dije a ella que ya no quería seguir leyendo las cartas, ni hablando de almas gemelas, y pensó que solo era una pausa más, y que con el tiempo se me pasaría y volvería a lo de siempre. Pero hace unas semanas, ella misma descubrió tu blog, y me envió un enlace. En cuanto lo leí supe que era la respuesta que estaba buscando, y lo primero que hice fue deshacerme de mis tarots.

Qué pienso ahora: Pienso que mi aura está muy intoxicada. Haber estado tan cerca de tanta gente tan involucrada en esos temas, (incluso mi marido, padre de mis hijos), y haberme dejado llevar por la curiosidad que despertaba en mí el Tarot, abrió puertas que nunca debieron abrirse y que ahora quiero cerrar. No sé si existe el alma gemela, ni sé si viviré lo suficiente como para saberlo. Solo sé que ya no quiero tener nada que ver con todo eso, aunque respeto el libre albedrío de los demás.

Un abrazo, infinitamente agradecida.

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